La molienda de girasol alcanzó cifras notables durante los primeros cinco meses de este año. Con 2,3 millones de toneladas procesadas, el cultivo registró su volumen más alto en veinticinco años, renovando un récord que parecía lejano.
Simultáneamente, la soja experimentó una contracción en su industrialización. El volumen procesado retrocedió a los niveles más bajos observados en tres años, señalando una caída significativa en la actividad del complejo sojero.
Este movimiento dual en el sector de oleaginosas representa más que simples fluctuaciones estadísticas. Refleja cambios en la dinámica de oferta y demanda, en las decisiones de inversión industrial y en las expectativas que tienen los actores del mercado sobre la rentabilidad de cada cultivo.
El girasol ha ganado terreno de manera sostenida. Productores, industriales y comercializadores han reorientado sus recursos hacia este cultivo, lo que explica el procesamiento récord de los últimos meses. Una molienda de esta envergadura implica plantas de procesamiento operando a capacidad elevada, generando empleo y movimiento económico en zonas productoras.
La soja, por su parte, está atravesando un momento de menor dinamismo relativo. Aunque sigue siendo un cultivo importante, los números indican una merma en su procesamiento industrial que genera interrogantes sobre el comportamiento futuro del sector.
Las causas de esta bifurcación son múltiples y complejas, involucrando factores internacionales, condiciones de mercado y decisiones comerciales locales. Lo cierto es que el paisaje del sector oleaginoso argentino está experimentando cambios notables que merecen seguimiento.
Imagen: Dmytro Korobka / Unsplash – Con informacion de Clarín Rural

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